¿Cómo ha vivido Bárcenas su encarcelamiento? -extracto de Luna Nueva-

En la cárcel los días pasaban despacio. Tanto que Esteban Mato, el otrora tesorero del partido del Gobierno, había perdido la noción del tiempo. Siempre veía las mismas caras y las rutinas se repetían: Desayuno, paseo, lectura, comida, gimnasio, cena… Y vuelta a la cama; ahora esos hitos marcaban su ritmo biológico, pero no conseguía acostumbrarse a ellos porque cada mañana albergaba la esperanza de que fuera la última allí recluido. Ahora, pasados cuatro meses privado de libertad, sus esperanzas empezaban a desvanecerse y lo peor era no saber hasta cuándo duraría esa situación. Si de algo se arrepentía en su vida era de haber manejado los asuntos de la familia. Se había convertido en el chivo expiatorio de los delitos del Partido.

De momento, Esteban manejaba los tiempos. Las filtraciones a la prensa sobre los trapos sucios de la familia eran meticulosamente medidas y acordadas con su abogado; meros toques de atención para hacer saber al Partido la artillería con la que contaba para su propia defensa.

Hasta la fecha nada había surtido efecto, y la desesperación iba poco a poco calándole por dentro de tal manera que, en un par de ocasiones, escribió al juez que instruía el sumario de la familia, Melchor Bermúdez, proponiéndole su excarcelación a cambio de nuevos datos y pruebas. Pero la respuesta siempre fue negativa. El obstinado juez se empeñaba en que declarase en sede judicial todo cuanto sabía a cambio de nada y, eso, no era posible. De ninguna manera estaba dispuesto a entregar sus armas de forma tan estúpida e inútil.

Como siempre, la única persona en la que podía confiar era su mujer; su amada Rosa. Si algo le removía las entrañas y le llenaba de odio en aquella desmoralizante situación era saber que ella estaba ahí fuera, sola y desprotegida ante aquella manada de hienas traidoras en la que se había convertido el Partido; aquél al que entregó los mejores años de su vida y ahora le daba la espalda. Ellos, a quienes consideró amigos durante décadas, se defendían intoxicando a los medios de comunicación con falsas informaciones en las que él siempre aparecía como el culpable de todos sus males. Intentaban a toda costa presentarle ante la opinión pública como un corrupto que siempre actuó en solitario para enriquecerse a su costa, a sus espaldas. Pero no estaba surtiendo efecto, al menos no el que ellos esperaban; la ciudadanía estaba bajando de la nube en la que había vivido durante más de tres décadas y la desconfianza hacia los políticos tradicionales iba en aumento.

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